El
gobierno del pueblo tuvo un importante papel en las democracias de la era
precristiana. A diferencia de las democracias actuales, las democracias de las
ciudades Estado de Grecia clásica y de la república de Roma eran democracias
directas, donde todos los ciudadanos tenían voz y voto en sus respectivos
órganos asambletarios. No se conocía el gobierno representativo, innecesario
debido a las pequeñas dimensiones de las ciudades Estado (que no sobrepasan
casi nunca los 10.000 habitantes).
La
primigenia democracia de estas primeras civilizaciones europeas no presuponía
la igualdad de todos los individuos, ya que la mayor parte del pueblo, que
estaba construido por esclavos y mujeres, no tenían reconocidos derechos políticos.
Atenas, la mayor de las ciudades estado griegas regida por un sistema
democrático, restringía el derecho al voto a aquellos ciudadanos que hubieran nacido
en la ciudad.
La
democracia romana era similar a la ateniense, aunque concediese a veces la ciudadanía
a quienes no eran de origen romano. El estoicismo romano, que definía a la
especie humana como parte de un principio divino y las religiones judías y
cristiana, que defendían los derechos de los menos privilegiados y la igualdad
de todos ante Dios, contribuyeron a desarrollar la teoría democrática moderna.